Deep Purple es un super grupo británico de hard rock formado en 1968 en Hertford, Reino Unido. Está considerada como una de las pioneras e influentes del rock. En sus orígenes, la banda la componían el joven teclista Jon Lord y Ritchie Blackmore, un guitarrista de sesión. Para el puesto de bajista, Lord recomendó a su amigo de la infancia Nick Simper. La alineación se completó con el vocalista Rod Evans y el batería Ian Paice. Después del éxito de “Hush”, su primer single, la banda lanzó su primer álbum, llamado Shades of Deep Purple.
Ah no, perdón, que me he equivocado de banda, quería referirme a The Storm, pero podía haber sido...
Este verano al pasar por Córdoba de vuelta de vacaciones, no pudimos resistir la tentación de hacer de nuevo una visita, aunque fuera relámpago, a su fabulosa y universal Mezquita.
Y cómo no, nada más pisarla me acordé de ese himno inolvidable “Paseando por la Mezquita” de Medina Azahara, tema puesto de nuevo en valor -más aún si cabe- a raíz de la polémica surgida en la ciudad por su nombre y por la titularidad pública o no del monumento omeya.
El caso es que ya en casa me di cuenta de que no había dedicado ni unas palabras a la incombustible banda cordobesa capitaneada desde sus orígenes por el carismático Manuel Martínez.
Seguramente, si en esos juegos organizados vía twitter, en los que todos alguna vez hemos participado, ninguno, o muy pocos, de nosotr@s nombraríamos a Medina Azahara en el top ten de los grupos del rock español, a pesar de ser uno de los grupos imprescindibles de la época más productiva del rock nacional, de tener una longeva y fructífera carrera discográfica y sobre todo por darnos un puñado de grandes canciones. Una banda o muy querida, como es el caso, o indiferente, pero siempre respetada.
Si hay dos cuestiones que han caracterizado el sonido de la banda cordobesa, estas serían el deje flamenco en la forma de cantar de Manuel y esa fusión de sones arábigo-flamencos que han sabido poner como nadie en temas puramente roqueros e incluso heavies, más acentuados si cabe en este primer trabajo más en la onda del rock progresivo con tintes andaluces que seguía la luminosa estela que dejaban Triana, que en trabajos posteriores más hardrockeros.
Solo ocho temas, eso sí de una duración aproximada a los 5 minutos cada uno, componen este Medina Azahara, más conocido por todos como “Paseando por la Mezquita” en alusión a la mítica canción que lo abre y, me gusta pensar, a la atractiva portada de Juan O. Gatti.
En todos se saborea la característica entonación de Manuel, la clase a las seis cuerdas de Miguel Galán, al que acompañan a la perfección Manuel Molina al bajo, José Antonio Molina a cargo de la percusión, y que remata el sentimiento Pablo Rabadán a los teclados, otro distintivo marca de la casa.
Si “Paseando por la Mezquita” es un gran tema, y por lo dejarlo huérfano en las recomendaciones, no os perdáis “Hacia ti” uno de los más roqueros del que se disfrutan unos soberbios solos de guitarra o la balada "Si supieras", casualmente los tres en la cara que abre el vinilo.
Un álbum altamente recomendable, para degustar con tranquilidad cualquier tarde-noche de este verano que lleva camino de abandonarnos. Una banda de luchadores que treinta y seis años después de editar esta obra de arte aún siguen pisando con entusiasmo las tablas de los escenarios de medio país.
Conocí a Triana en 1981 cuando el primo sevillano de un gran amigo llegó a vivir a nuestro barrio. De entre la música de su tierra que traía en la maleta, que seguro os imagináis, a mi me llegó al alma esa extraña mezcla de rock con las más puras esencias andaluzas que desprende el sonido y las letras del inmortal trío de artistas de Sevilla, curiosamente formados en Madrid. Digo “a mi” porqué el resto de colegas pasaron y lo entiendo, ya que este tipo de fusiones o te entran o no, y más en aquella pandilla de jevis adolescentes que flipábamos poniendo a un volumen brutal los discos y cintas de acedeceses, blacksabbats, judas, kisses, leños, asfaltos, etc. Nada que reprochar.
A lo largo de los años me he ido haciendo con la discografía de Triana, pero resulta curioso que aunque he pillando alguno de sus álbumes en cd, no me suena haberlos puesto nunca, y no he parado hasta conseguirlos en plástico, ya que a Triana hay que escucharlos en vinilo y acariciando esas increibles carpetas dobles, que incluso llegaron a reenombar, como es el caso, el verdadero título del disco.
De este mágico LP ¿qué decir? Me suelen gustar más el primer trabajo de todas las bandas que el resto ya que, en teoría, es en el que se echa el resto y más, el que está lleno de caracteres personales, el que marca el sendero a seguir y al público al que se quiere llegar. Y a Tele, Jesús y a Eduardo se les nota en “El Patio”. La propia banda lo quería pregonar y así lo hicieron en el interior de la carpeta del disco donde se puede leer: “Ya teníamos ganas de hacer un LP. Por fin hemos conseguido reunir una serie de ideas, unos cuantos amigos y lo hemos realizado. La buena gente que han contribuido son: Antonio Pérez, guitarra eléctrica. Manolo de la Rosa, guitarra de bajos. Y como había que hacer bien las cosas pedimos a Máximo Moreno que diseñara la portada. Lo grabamos en los Estudios Kiros de Madrid con Pepe Fernández, Juan Vinader, Pepe Loeches y Luis Calleja, como ingenieros de sonido”.
¡Qué tíos! Ese LP contiene: “Abre la puerta”, “Luminosa mañana” y “Recuerdos de una noche” en la cara A, y “Se de un lugar”, “Diálogo”, “En el lago” y “Todo es de color” en la B. Siete temas maravillosos donde se reúnen cientos de ideas y matices musicales ejecutados a su manera por sus creadores, que progresa, mezclando sentimientos acústicos y electrónicos, dándonos perfecta cuenta (nada de “sin darnos cuenta”), entre el rock y el flamenco (sin folklorismos). Siete letras o poemas de profundas palabras, salidas de la mano y de la mágica voz de Jesús de la Rosa, abiertas a infinitas lecturas e interpretaciones. Talento no les faltaba.
Una banda infinita, intemporal, viva. Un disco cojonudo, para degustar. Una obra de arte qué, cosas de la vida, pasó desapercibido en el momento de su lanzamiento, todo un fracaso comercial. El reconocimiento a este álbum le llegó en 1979 cuando Triana se consagró definitivamente con “Sombra y Luz”. Ese mismo año se vendieron todos los discos que quedaban de la primera edición de "El Patio", siendo reeditado en 1984 de la mano de Fonomusic.
Buen fide a tod@s, y en especial a @RockologiaTwit que me animó a hacer la entrada de esta joya. Sed felices.